Soledades del Sur... Rostros de Arena

Relato sobre el sur de la provincia de la Rioja.
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A casi veinte años de ausencia del lugar donde nací y al regresar detecto que las cosas no han cambiado substancialmente. Mis amigos, un poco más envejecidos, aun conservan la saludable ingenuidad pueblerina de antaño.

En estos lugares del sur de mi provincia natal, el tiempo se distrajo y la historia se olvidó de sus hombres. Esos de los que se expresan por sus rostros de arena - al decir del poeta-.

Sus rostros, sus gestos y sus actitudes no han variado en gran medida. Quizá su proyecto emancipador, aquel que ha sangre y fuego defendió el caudillo, esté todavía latente y a la espera de otra oportunidad. Es un pueblo que se niega a olvidar su historia, pero que tampoco la difunde mendigando el reconocimiento. Es un orgullo contenido desde el prudente silencio.

Sus voces no necesitan decir mucho, por que sus poetas - en otros tiempos - al no poder silenciar las verdades y los padecimientos del pueblo fueron silenciados o expulsados. Algunos nunca pudieron regresar. A pesar de todo, el descuido y la torpeza del autoritario, permitió que algunos de sus versos regresarán convertidos en zamba.

La soledad se impuso en las soledades del sur y convirtió el espíritu colectivo de otras épocas en un silencioso murmullo a la espera.

Doctores, docentes, conductores, dirigentes, también mascullaron sus esperanzas desde aquí. Uno de ellos, dejó su infancia petrificada en el recuerdo y continúa, en otra provincia, los pasos de Agustín Tosco. Otro, está en las tierras del Brasil de Paulo Freire, luchando contra la injusticia pedagógica del neoliberalismo. Forman una larga lista de notables e ilustres hijos de estas tierras y sin duda continuarán entre nosotros por el camino del recuerdo.

Una poetiza, le dispara hermosos versos a su gente que, el viento presuroso y constante lleva hacia otras regiones de la misma “Patria”. Otra docente continúa enseñando, con sus siete ilusiones y sobre dos bastones, la narrativa y la poética de nuestra lengua materna.

Unos cuantos niños claman su sed en los caminos que nos unen a otra provincia. Los sajones ya pasaron por allí en las postrimerías del siglo pasado. Dejaron tras de si la miseria y los recuerdos de la sangre de los últimos gauchos rebeldes del sur.

Soledades del sur, el tiempo pasó distraídamente por las calles de tus silenciosos pueblos. La historia adeuda tus destinos. No olvidar o no recordar ese es el tremendo dilema de toda una generación que resiste estoicamente su doloroso y triste pasado.

Un sacerdote pasó predicando en nombre de Dios, la Justicia y la Verdad. Fue asesinado al poco tiempo, al otro extremo del mismo llano. Una madre todavía llora la desaparición de su hijo que estudiaba en otra ciudad. Cientos de pañuelos blancos reclaman justicia desde entonces hasta hoy.

Soledades del sur desde hace un tiempo que las ganas me atropellan en mil palabras para expresar este sentir ahogado pero no muerto que, cual lágrimas secas que brotan desde la tierra, esbozando las difusas imágenes de miles de rostros de arena, atrapados en el doloroso recuerdo de un pasado que no pudo ser y que se niega a desaparecer de la memoria de los hombres.

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