El Jesucristo según Saramago

Reflexiones sobre la versión de Jesucristo de Saramago
buscar libros y productos relacionados

“Señor qué es el hombre para que te intereses por el, qué es el hijo del hombre para que de él te preocupes, el hombre es como un soplo sus días pasan como la sombra, cual es el hombre que vive y no ve la muerte, o que consigue que su alma escape de la sepultura...” Saramago.

Una mujer agotada por el cansancio corre tras su hijo – Jesús- delante de ellos por el mismo camino se visualizaban las cuarenta cruces. En una de ellas estaba José, el carpintero de Nazaret. Jesús encontró a su padre, María su esposo. Los dos, un cadáver.

José fue a buscar un amigo en problemas y se topó con una rebelión de guerrilleros judíos en contra de Roma. Allí encontró la muerte en la cruz.

Padre, Padre por qué me has abandonado, gritaba el joven Jesús que lloraba frente al cuerpo destrozado de su padre, José. En aquellos tiempos la crucifixión, más que un castigo era un mensaje de escarmiento de Roma a los pueblos sometidos. Por eso las tremendas crucifixiones a la vera de los caminos. Los pueblos conquistados por el Imperio Romano debían entender el siguiente mensaje: no te atrevas a cuestionar el poder del Imperio Romano. ¡¡Esto es lo que sucede a los que lo hacen!!

El joven Jesús lloraba desconsoladamente y sus gritos ahora contenidos, salían de sus labios cual débil lamento. El silencio del cordero. Jesús, hijo de dos padres, uno hombre, el otro Divino. Uno muerto, el Otro en silencio. Ninguno de los dos contestó su pregunta.

María comprendió claramente los gestos de dolor de su hijo. Lloró con él y los recuerdos martillaban su conciencia. Recordó por ejemplo, cuando frente al Mensajero de Dios, ella le contestó, “Que se haga en mí su Voluntad”.

“¿Qué lugar ocupa la justicia de Dios en la vida de José?” Saramago. ¿Qué lugar ocupa la justicia de Dios en la vida del Hombre?.

María y Jesús, enterraron el cuerpo desvencijado de José por efecto de la crucifixión. Roma aplastó la rebelión y el castigo, más que un castigo, debe significar un ejemplar escarmiento para quien se atreva a revelarse a la opresión del Imperio. ¡¡Crucificadlos a la vera del camino!!

Crucifixión, muerte atroz, lenta y dolorosa. El soldado romano encargado de verificar la muerte del crucificado, realizó el único acto de piadosa humanidad para la víctima. Quiebra las piernas del crucificado, para que no haga pie en los clavos que sostienen su cuerpo desde las piernas. Al hacerlo, la muerte presurosa le corta el camino al dolor y se lleva una nueva víctima.

“ María y Jesús son dos sombras en medio del bosque de troncos, la madre atrae al hijo hacia si, dos miedos en busca de un valor el cielo negro no ayuda y los muertos bajo el suelo parecen querer retener los pies de los vivos” Saramago.

Dios no habló y probablemente no haya querido ni podido hacerlo. Su Voluntad se estaba cumpliendo. Consuélate solo hijo mío - tal vez pensara- ¿Quién lo hará conmigo cuando los hombres hagan lo mismo contigo?. Yo le cerraré el paso a la muerte y vendrás a la vida eterna.

¿Quién entonces le cerrará el paso al dolor? El Hombre. Esa será su misión de ahora en más. Luchará contra el dolor y el sufrimiento de los demás hombres.

La voluntad del Señor es ahora una, y luego otra, contraria, ni tu ni yo somos parte de la contradicción”. Saramago. Con éstas palabras le respondía María a Jesús.

Si Dios es contradictorio, no es necesariamente perfecto, es perfectible y si lo es, su esencia está dirigida siempre a un estado de perfección superior a su actual condición. De modo que, como la contradicción se resuelve dialécticamente por medio de la síntesis superadora, Dios es, - probablemente - dialéctico. Es sin duda un razonamiento cómodamente deductivo que, además es oportuno y conveniente. De este modo, Dios estaría librado del juicio de los hombres. ¿Cómo es posible concebir que, ese mismo Dios, haya permitido el genocidio de los inocentes y en el mismo hecho histórico –solamente- haya intervenido para salvar a solo uno?. No fue uno cualquiera, fue su hijo, su único hijo hecho hombre. Nuevamente Dios incurre en contradicción. El que debiera ser Justo procedió injustamente en ese mismo acontecimiento.

Más allá de las coincidencias o no con Saramago, su versión de la vida de Cristo, lleva impreso un mensaje de fondo: reflexionar frente a un “Hombre dilacerado por el vacío”, un hombre “humano”, sufriente y expectante frente a un horizonte sin respuestas y en silencio. Texto citado: El Evangelio según Jesucristo” – José Saramago

Publicado en el periódico 'Nueva Rioja', mayo de 2004

Búsqueda personalizada
INICIO