La Danza de las Urnas

Artículo de opinión sobre la situación política argentina en el 2002.
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Un antropólogo señalaba que “el recuerdo” es un instrumento por el cual la sociedad a través de la “cultura”, conserva en la memoria colectiva aquellas cosas o aconteceres que dinamizan la vida comunitaria. El “olvido” cumple la misma función pero a la inversa. Continuamente nos preguntamos ¿qué debemos recordar? ¿Qué debemos olvidar?.

En nuestra democracia, formalmente constituida y funcionalmente debilitada, los recuerdos contribuyen a ampliar el campo de lo que no merece ser recordado y pasan a formar parte del olvido. Octubre es el mes que se recuerda por ejemplo, la muerte de “El Che” y “la lealtad peronista”. Estos acontecimientos han generado un impacto muy notorio en dos generaciones claramente definidas en nuestra historia.

Actualmente, debido a que la política se ha convertido en un show mediático, los líderes, lejos de ser individuos que han logrado una síntesis político- filosófica de la realidad social se han convertido en actores del “circo proselitista” preocupados por la lipoaspiración o el volumen de sus nalgas que, por un proyecto colectivo que demandan los excluidos.

Se realizan portentosos actos rememorando estas fechas. Me pregunto ¿se recordará que Perón instaló los pilares sobre los que se asienta la doctrina que lleva su nombre?. “Soberanía Política, Independencia Económica, Justicia Social”.

Precisamente esos tres principios ya no están presentes en la conducción y han entrado en el curso del olvido. Sin embargo, “sus referentes” naturales, hipócritamente los enuncian en su prosapia discursiva desde la tribuna política partidaria.

Independencia Económica?. Privatizaron todas las empresas Públicas

Soberanía Política? Pasaron desde el populismo al neoliberalismo, torpe y entreguista.

Justicia Social?. Represión a los pobres que piden pan, flexibilización laboral, desocupación.

Las urnas danzan al vaivén de las pretensiones sórdidas de seudos dirigentes que se creen dioses y se están cayendo a pedazos.

¿Qué recuerdan o intentan recordar, entonces? ¿La lealtad peronista? ¿Fueron leales a sus Principios? ¿Recordarán lo que olvidaron? u ¿Olvidarán -definitivamente - aquello en lo que jamás creyeron? ! Qué contradicción!.

Las urnas danzan y Eva llora con las lágrimas amargas del recuerdo de aquellos que - alguna vez - militaron en las filas de un movimiento popular que identificó claramente al enemigo: “los vendepatria”. El Che sonríe irónicamente estampado en la bandera de un famoso club de fútbol europeo. ! Qué Ironía!. Los personajes más emblemáticos de nuestra historia están resistiendo estoicamente al olvido.

Si a estos “dirigentuchos del bolsón”, nosotros le atribuyéramos el mote de “vendepatria”, seguramente les estaríamos haciendo un generoso favor, porque sería como asignarles una formación teórica que no poseen. Son liberales pero no por convicción sino por que son dóciles y obedientes a los mandatos del Norte. Cipayos.

Un ex ministro de economía quien declaró recientemente “Argentina es un país insignificante”, olvidó agregarle “Yo convertí a ese glorioso país en una nación devastada e insignificante”. Cuando regrese - si es que regresa - le recordaremos lo que maliciosamente pretende hacernos olvidar.

Lo habíamos vaticinado desde 1990 y nos cascotearon descalificándonos de “zurditos nostálgicos”.

Otros tiempos, otra historia. Sin embargo, esta vieja estrategia no nos desmoronó ni nos nubló el horizonte, a pesar de que en algunas ocasiones, parecíamos estar hablando en la más absoluta soledad.

La dinámica del olvido y el recuerdo parece ser un juego que devora y recicla a las personas. En nuestro caso, ni nos devoró ni nos recicló, en todo caso, nos expulsó temporariamente. Resistimos como pudimos y decidimos no ser fagocitados por el sistema.

Podemos decir abiertamente que nuestros principios a pesar de ser tentados por el olvido, se mantuvieron vivos en la memoria. No tenemos jefes ni patrones a quien obedecer. Como docentes nos llena de satisfacción cuando, a través de nuestro oficio de enseñar, logramos un ser humano más digno y más pleno. Una noble y justa causa que materializa el milagro pedagógico de que, la palabra enseñada se convierta en voz pronunciada. Voz que por sus destellos se pronuncia la memoria colectiva, de una conciencia que ilumina el oscuro silencio de la ignorancia y el olvido.

''Artículo publicado en 'El Indpendiente' en diciembre de 2002 ''

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